Introducción

Ya vimos en el último artículo lo importante que es comer vegetales, es decir frutas y verdura, y la teoría del arcoíris de los vegetales. Bien, la teoría se entiende, pero, ¿cómo pasar a la práctica? ¿Cómo comer verdura si no te gusta?

Hoy nos centraremos en las verduras, en cómo consumirlas con frecuencia incluso si no te gustan. Mejor dicho, incluso si crees que no te gustan. No me centraré en la fruta, ya que, de manera general, a todo el mundo le gusta alguna que otra fruta.

El problema viene con las verduras. Sabes que son clave para unos hábitos de alimentación saludables, pero ¿se te hace cuesta arriba pensar que se recomienda que la mitad de cada plato se componga de vegetales (verduras incluidas)?

Las verduras son saludables, se pueden comer en mayor cantidad, pero no te gustan. Houston, tenemos un problema. Hoy vamos a ver 3 pasos para comer verdura si no te gusta (o eso crees).

Con ellos verás cómo comer verdura de manera habitual para que pase a formar parte de tu día a día. Verás brevemente el motivo científico por el que no te gusta la verdura y cómo puede terminar gustándote o por lo menos más de lo que crees.

Por qué no te gusta la verdura

Si no te gusta la verdura, tranquil@. No estás sol@. Hay más personas como tú. De hecho, yo era una de ellas. Ahora, como verdura cada día. ¿Lo mejor de todo? Me gusta 😊 La como de una forma saludable adaptada a mis gustos. 

Eso no quita que también me gusten otras cosas, ya sean saludables o no, pero el comer verdura a diario para alguien que no podía verla ni en pintura, es un cambio brutal. Tú también puedes vivirlo.

El motivo evolutivo 🐵

La principal razón por la que a muchas personas no les gusta la verdura es que el sabor que tienen es amargo. Es cierto: muchas verduras tienen unos componentes químicos que les dan un gusto amargo.

¿Y qué problema hay con el amargo? Aparte de no ser muy agradable, tenemos establecido en nuestro ADN el huir de él.

El amargor de la verdura proviene de los alcaloides, unos compuestos químicos que las plantas, los hongos y las bacterias generan para defenderse de amenazas externas, como parásitos, patógenos y animales que se los puedan comer.

Los alcaloides provocan distintos efectos. Pueden erradicar el dolor (morfina), estimular (cafeína), generar efectos psicotrópicos (setas), pero también matar (medicamento atropina que proviene de la planta venenosa belladona).

Al poder ser tan peligrosos, el ser humano ha evolucionado para detectarlos con facilidad a través del sabor amargo que les dan a las plantas.

Ese es el motivo científico por el que a mucha gente no le gusta la verdura. Tan sencillo como eso. Así pues, no estás sol@ ni loc@. Forma parte de nuestra evolución como especie.

Visto esto, ¿cómo es que hay gente que tolera ese sabor amargo y a la que por lo tanto le gusta la verdura y gente que no puede con ello?

El paladar y sus costumbres 👅

Aquí entran en juego el hecho que el gusto en cada persona varía, ya que está determinado por varios factores. De nuevo, éstos varían según la persona.

Uno de ellos es los sabores a los que estamos expuestos en el vientre materno. El líquido amniótico contiene moléculas olfativas, que exponen a los bebés a los sabores incluso antes de desarrollar la capacidad de comer.

Nuestras preferencias de gustos empiezan a formarse incluso antes de nacer.

Otro factor es la genética. Existe un compuesto, el PROP, que resulta muy amargo para unas personas y que pasa desapercibido para otras.

Es una lotería. Las personas que lo notan y que por lo tanto lo perciben como amargo, tienden a no gustarles la verdura (y otros alimentos fuertes de sabor, de hecho). Sin embargo, aquellas personas que no lo notan son más “tolerantes” con los sabores fuertes, el amargo incluido.

Por último, pero no menos importante, están los hábitos. Aquí entran desde los sabores a los que nos acostumbraron de pequeños en casa, hasta los sabores más presentes en la cultura en la que crecimos y también el consumo de ultraprocesados que nos rodea.

La mayoría de estos productos de fácil acceso tienen sabores dulces y grasientos. Si los comemos habitualmente, tenderemos a rechazar los sabores que no sean esos.

También cabe mencionar que la manera que tenemos de percibir los sabores de los vegetales se ha visto alterada por la agricultura moderna. Como ya sabrás, la agricultura moderna ha priorizado el producir y vender en grandes cantidades.

Ello ha supuesto el no priorizar el sabor de los productos, vegetales o animales. En consecuencia, el sabor “natural” de muchos de estos alimentos se ve afectado.

Esto sumado al consumo de ultra procesados hace que rechacemos el sabor de muchos alimentos, entre ellos la verdura.

La parte positiva es que este último punto no nos viene determinado por los hábitos de nuestras madres ni por la lotería de la genética. En nuestros hábitos que “eduquen” el paladar sí que podemos influir para que cambien. ¿Vemos cómo?

Reeducar el paladar

En este artículo te hablé de cómo reaprender a comer, centrándome en darles una nueva oportunidad tanto a aquellos alimentos que desterraste de tu alimentación hace tiempo como a aquellos que son nuevos para ti.

Hoy vamos a retomar esa misma idea y a ampliarla para ver cómo comer verdura si no te gusta. Vamos a ver cómo reeducar el paladar en 3 pasos.

Mente abierta/ rétate 🧠

El primer paso es soltar las viejas creencias que has tenido hasta ahora sobre la verdura u otros alimentos saludables que no te gustan y que, por lo tanto, no comes.
Soltar viejos hábitos
Para empezar a cambiar nuestros viejos hábitos por unos saludables, tu mentalidad sobre la alimentación y el concepto de dieta también debe cambiar. De esto te hablé en este artículo.

Como ya hemos visto en otros artículos, las creencias limitantes de cualquier tipo también tienen su cometido. Nos enseñan qué áreas de la vida puedes mejorar. Dales las gracias y avanza hacia unas nuevas creencias.

Así pues, intenta dejar la mente en blanco y probar cualquier verdura que se te ocurra y que hasta ahora no comías.

Rétate, cómela como si fuera algo nuevo que vas a comer (incluso podrías cerrar los ojos si te ayuda), sin juzgarla. Practica el Mindful Eating: céntrate en notar el olor que tiene, la textura y el sabor.

Tómatelo como un juego.

Cuando vayas a hacer la compra, intenta comprar una verdura nueva que no has probado nunca o que desterraste hace tiempo de tu dieta.

Experimenta 🧪

Si ves que de entrada esa verdura con la que has hecho la prueba no te gusta, experimenta con ella.

¿La has comido cruda esta vez? ¿Y si ahora la pruebas cocinada?

Si decides cocinarla, ¿de qué manera? ¿Al vapor, al horno, salteada, en un wok?

¿Qué condimentos vas a usar? ¿Hierbas, especias? Las especias, además de aportar sabor, también son beneficiosas para la salud.

¿Y si combinas esa verdura con otro alimento? ¿Qué tal una tortilla rellena de verduras previamente cocinadas?

Por ejemplo, a mí no me gustan especialmente las hojas verdes 🥬 Las que más me gustan de por sí son la rúcula y los canónigos. Sin embargo, para comérmelas más a gusto y para comerlas de manera variada, las consumo de distinta manera.

Unas veces, son la parte principal de una ensalada. Incluso a veces las combino con algo de fruta que me ha sobrado del desayuno para darles un toque ácido de contraste (si es que te gustan los contrastes).

Otras veces son un acompañamiento verde de mi plato de verdura principal y otras son simplemente un par de hojas verdes en un crep saludable.

Truco del cocinillas 👨‍🍳

Este último paso puede resultarte útil a la hora de cocinar. Se ha visto que el amargor de los alimentos puede disminuirse con el sabor dulce o con grasa.

Si condimentas o cocinas la verdura con algo dulce o algo de grasa, el amargor se reducirá y probablemente te resulte más agradable comerla.

Dicho esto, como te imaginarás, no se trata de que recurras a los alimentos dulces altamente procesados y cargados de azúcar refinado ni a las grasas de mala calidad.

Recurre a las opciones menos dañinas, como la miel, el aceite de oliva o de coco, alguna mantequilla de frutos secos, el boniato (camota, papa dulce o batata en algunos países), …

Y de nuevo, tampoco conviene pasarse con las cantidades. Puedes recurrir a estas fuentes, pero con moderación. Si pueden ayudarte a ir acostumbrándote al sabor de las verduras, ¿por qué no recurrir a ellas?

¿Qué crees que será más saludable y más apropiado para cambiar de hábitos y bajar de peso? ¿Comer verdura con un poco de aceite o de miel (solo un poco, por favor) o no consumir nada de verdura o incluso comer algo ultraprocesado? Eso sí, recuerda, con moderación.

Conclusión

Si no te gusta la verdura (o crees que no te gusta), tranquil@. No estás sol@, ni eres un bicho raro. Son varios los factores que te pueden llevar a esto y uno de ellos es la propia evolución de la especie humana.

Dicho esto, si quieres, puedes cambiar tus gustos. De hecho, el paladar puede acostumbrarse a aquellos sabores a los que se expone varias veces seguidas.

Cambia de mentalidad. Comer verdura va mucho más allá del “triste” plato de verdura hervida con poco sabor (aunque si te gusta, adelante).

Esto no quiere decir que tenga que gustarte toda la verdura y de todas las formas posibles. Quiere decir que si pones en práctica estos pasos conseguirás que la verdura pase a formar parte de tus hábitos de alimentación y que logres disfrutarla mientras la comes.

Así que pon en práctica estos 3 pasos para comer verdura si no te gusta (o crees que no te gusta) para empezar con el cambio. Como siempre te digo:

“Progreso, no perfección”

Ve paso a paso y adapta el proceso a ti. No es necesario que pases a comer un gran plato de verduras de la noche a la mañana. Empieza por aquello con lo que te veas más cómod@ (no por ello dejará de ser un paso importante) y sigue avanzando.

Piensa en cuántas cosas ya has cambiado en tu vida desde que eras niñ@ sin ser consciente de ello. ¿Por qué no vas a poder a hacerlo ahora que lo haces con conciencia?

Disfruta del camino y déjate sorprender. Seguro que te terminará gustando algo que no imaginabas.

Un abrazo, aliad@ 😊

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