¡Hola!

Seguimos con cómo iniciarse en un cambio de hábitos. En nuestro caso concreto, nos centraremos en los cambios de hábitos de alimentación, pero ten en cuenta que lo que has leído en el anterior post y leerás en este puede aplicarse a cualquier proceso de cambio que quieras llevar a cabo.

Ya hemos visto que el primero paso es el cambio de mentalidad y de la manera de entender los conceptos más básicos ligados a la alimentación, como la dieta, las archiconocidas y temidas calorías y los propios alimentos.

El siguiente paso es prepararse psicológicamente para emprender este cambio. Existen diversos factores psicológicos que hay que preparar. Cada persona deberá trabajar cada uno de ellos según sus necesidades.

En este post, he escogido aquellas que a mi juicio son imprescindibles para lograr el cambio y que en muchas ocasiones no trabajamos lo suficiente.

La Responsabilidad

La responsabilidad es quizás el pilar en el que se sustenta todo tu proceso de cambio. 

Este concepto suele provocar cierto miedo y rechazo. La sociedad en la que vivimos acostumbra a enmarcar la responsabilidad en contextos negativos. 

Se usa como reclamo (reclamar responsabilidades para exigir que se corrija algo y “culpabilizar” al otro) o como una carga que conlleva sacrificios, renuncias y sufrimiento (la famosa frase de Spiderman “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”).

Pero de nuevo, de ti depende cómo lo quieras enfocar. Una vez más, puedes hacer un cambio de mentalidad para entender la responsabilidad de otra manera.

Cuando te responsabilizas de algo, tomas las riendas del proceso que quieres emprender, te comprometes contigo mismo para lograr ese objetivo y te sientes empoderado y libre. 

Si te responsabilizas, lo que hagas dependerá de ti.

Puede que eso te asuste de entrada. Sin embargo, la parte positiva es que la clave para que el cambio tenga éxito siempre estará en ti.

Cuando debas tomar una decisión o te encuentres en una situación difícil, tu sentido de la responsabilidad te permitirá seguir avanzando.

Piensa qué ocurriría si la responsabilidad la tuviese otra persona. De ella dependería tu proceso de cambio. 

Si ella no viese las dificultades que ves tú, no emtapizase contigo o simplemente decidiese no hacer nada por avanzar, tú no lograrías llevar a cabo tu proceso de cambio.

Tú no puedes (ni deberías querer) que los demás tomen decisiones que te afecten directamente a ti. 

¿No es mucho mejor que tú tengas el poder de toma de decisión en función de la situación en la que te encuentres y de tus necesidades? Tú no quieres fallarte a ti mismo, ¿verdad? Entonces, responsabilízate.

Si tomas una decisión que no es la más adecuada, tú mismo puedes reflexionar y tomar otro sendero. El ejercicio de la introspección y la autocrítica es muy bueno y necesario. Eso sí, no permanezcas ahí más de lo necesario. 

Una vez hecho ese trabajo, transita por otra vía y continúa avanzando en tu proceso de cambio.

Evidentemente, no todo está bajo tu control, y menos mal. La carga sería demasiado pesada de llevar. Sin embargo, sí que hay aspectos de tu vida y de tu proceso de cambio, de los que puedes responsabilizarte y con los que puedes sentirte empoderado.

Como ves, al final termina existiendo un equilibrio. Los aspectos de los que te puedas responsabilizar te supondrán un esfuerzo y cierta carga, pero también un empoderamiento y con ello un cierto control y tranquilidad por no depender de nadie.

Eso no quiere decir que no puedas pedir ayuda cuando la necesites. Saber pedir ayudar es necesario precisamente para aliviar la carga que sientas y poder gestionarla mejor.

Sin embargo, repito, el tomar responsabilidad te permitirá no estar pendiente de lo que hagan los demás. La responsabilidad te empoderará y con ello, te liberará.

Control y equilibrio no están reñidos.

En cuanto a los aspectos que no dependen de ti y sobre los que no te puedes responsabilizar, no te preocupes más de lo necesario. Así te desprenderás de cargas.

Haz por lo tanto de la responsabilidad un compañero y sustento de tu proceso de cambio. No se trata de no ver la parte “negativa” de carga y esfuerzo que conlleva, sino de enfocarte en la parte positiva que implica.

Te permitirá transitar el camino con mayor tranquilidad y con la seguridad de que tu sustento eres tú mismo. La responsabilidad te empoderará.

A la responsabilidad está estrechamente ligado otro de los grandes factores psicológicos que marcará una gran diferencia, sobre todo en los momentos en los que decae el ánimo:

El Compromiso

Este es otro de los aspectos psicológicos fundamentales de tu proceso de cambio. El compromiso se deriva de la responsabilidad que tengas para con tu objetivo.

Debe estar presente siempre y debes recurrir a él en aquellos momentos en los que el ánimo decaiga.

Piensa que la motivación debe ser algo intrínseco, algo que salga de dentro de ti, aquello que te impulsa a llevar a cabo el cambio que buscas.

Sin embargo, todos sabemos que no podemos estar siempre motivados al 100%. 

La motivación fluctúa según los días e incluso en un mismo día. Cuando sientas que la motivación decaiga, visualízate con el objetivo cumplido. Piensa en cómo te sentirás y verás una vez lo hayas alcanzado, y sobre todo, recurre a tu compromiso.

El compromiso que tengas para con tu objetivo de cambio te permitirá seguir generando motivación. Quizás no recuperes la motivación en el mismo día o semana, pero te permitirá recuperar las ganas de seguir avanzando en tu proceso de cambio.

El compromiso contigo mismo y con tu proceso de cambio es lo que marca la diferencia. Sin compromiso y previa responsabilidad, abandonarás en cuanto te encuentres con el primero contratiempo y obstáculo.

Si hay compromiso y responsabilidad, encontrarás esa fuerza intrínseca que te hará ver esos contratiempos como parte del proceso. Te permitirán adquirir un aprendizaje que a su vez te permitirá seguir avanzando.

Por poner un ejemplo, si en un proceso de cambio de hábitos de alimentación, comes comida basura durante un par de días por haber salido a comer fuera, es probable que te desmotives. 

Sin compromiso y responsabilidad, quizás pienses que no te es posible llevar a cabo tu cambio de alimentación porque siempre comerás mal cuando haya un evento. 

Quizás pienses que como ya lo has “hecho mal” dos días, ya no tiene sentido continuar con el proceso de cambio. 

Sin embargo, si enfocas esta situación desde una perspectiva positiva, continuarás con tu proceso.

Puedes pensar por ejemplo que el “haberlo hecho mal” dos días no implica que vayas a recuperar el peso perdido, que vayas a perder salud y que se te vaya a olvidar todo lo que ya has aprendido e implementado para comer saludable.

Todo eso que has hecho antes de comer mal no te lo quita nadie, así que sigue usándolo a tu favor. 

Además, en el caso concreto de mejora de hábitos, ten presente esto: lo que hagas un par de días no afecta a tus hábitos, sino que lo que haces a diario. 

También podrías pensar que la situación en la que te encuentras ahora es mucho mejor que en la que estabas en el punto de partida. ¿Por qué abandonar y volver al punto de partida con todo lo que has conseguido hasta ahora?

Otra manera más de enfocarlo es ver en este “bache” una oportunidad para mejorar en tu proceso de cambio de alimentación.

En este ejemplo en concreto, te puede servir para preguntarte cómo aprender a comer lo mejor posible cuando tienes compromisos sociales.

O incluso te darás cuenta que en un estilo de vida saludable tiene cabida el comer mal una o dos veces, siempre que sea de manera consciente y con el compromiso y la responsabilidad suficientes como para retomar tus hábitos saludables fácilmente.

Y otro más que habrás dado en tu proceso de cambio de alimentación.

Hay más enfoques positivos para esta y cualquier otra situación con la que te encuentres a lo largo del proceso.

El tener una mala racha no significa que ya no puedas seguir adelante con tu proceso de cambio.

De nuevo, no te estoy invitando a ser un «happy» y no ver la realidad. La realidad tiene partes buenas y partes no tan buenas. La diferencia reside en dónde decides poner el foco y cómo usas esos baches y obstáculos. 

Para ello, es clave que mantengas un fuerte compromiso y sentido de la responsabilidad para mantenerte motivado, positivo y seguir avanzando.

Paciencia

El último aspecto a tener en cuenta en cualquier proceso de cambio es la paciencia.

No sustenta quizás todo el proceso como la responsabilidad y el compromiso, pero resulta clave, sobre todo si el cambio que buscas es grande y afecta a tu vida diaria de manera drástica.

Los procesos de cambio de hábitos (cualquier que sean) suelen requerir tiempo. Eso no significa que deba ser necesariamente largo. De hecho, cuando vuelvas la vista hacia atrás, te darás cuenta de que has conseguido mucho en menos tiempo del que te parecía a simple vista.

Eso sí, de nuevo, el ser positivo no implica no ser realista. Ten presente que no acostumbra a ser de un día para el otro. 

Cuando buscamos romper con costumbres y creencias arraigadas en nuestra vida desde hace mucho tiempo para crear otras nuevas, tendemos a volver a ellas porque es nuestra famosa “zona de confort”.

Es lo que conocemos. Sabemos cómo es y qué esperar, aunque no sea necesariamente lo que queremos.

No sabemos cómo es y qué nos aportará lo nuevo, lo desconocido y el miedo al fracaso siempre está presente. 

Recuerda lo que comenté en el anterior post: el fracaso no es más que un resultado no esperado. Úsalo a tu favor para seguir avanzando y ver qué otras opciones tienes.

El miedo a lo desconocido a veces nos impide romper con estas costumbres y buscar alternativas. Recuerda que lo que ya conoces no te está aportando aquello que buscas.

Tienes dos opciones: quedarte como estás a sabiendas de que no te va a hacer bien o probar nuevas vías.

No se trata de intentar cualquier vía “a lo loco” sin tener nada en consideración. Valora las opciones que tienes, de manera racional pero también emotiva e intuitiva.

Con el raciocinio, valora los pros y los contras. Con tu instinto y tus emociones, mira cuál de las opciones te resuena más y crees que te atrae más, con la que crees que te sentirás más a gusto.

Una vez hecho este análisis, combina ambas y prueba esa primera opción. No caigas en la parálisis por análisis y da el primer paso para empezar a avanzar.

¿Y si esa nueva vía no sale bien? Es posible (de hecho bastante probable) que una de esas nuevas vías no te aporte lo que estás buscando, pero ten por seguro que te aportará alguna otra cosa positiva, un aprendizaje.

Ello te permitirá seguir avanzando por otra nueva vía hasta dar con la que a ti te funciona.

Es más, puede que en el camino descubras que aquella vía que en un principio no parecía servirte te ha ayudado más de lo que pensabas a encontrar la vía correcta.

Incluso puede que descubras que tu objetivo final no era exactamente el que te habías planteado y termines modificándolo.

Seguro que esto te ha ocurrido ya a lo largo de tu vida, en más de una ocasión.

En mi caso concreto, empecé en el mundo de las dietas para perder peso y verme bien. Finalmente, descubrí que mi objetivo final era aprender a cuidarme mejor por dentro y por fuera y que los problemas que tenía con mi aspecto físico los generaba mi gran falta de autoestima. 

No me quería y por lo tanto, no me cuidaba, ni a nivel físico ni emocional. Mi aspecto físico era un reflejo de esa falta de cuidado hacia mí misma.

Allí aprendí la importancia de quererse a uno mismo y descubrí una gran nueva pasión, el coaching nutricional, que se complementa con mi otra gran pasión, la comunicación.

Por lo tanto, ten paciencia. Piensa que siempre estás avanzando. Solo por el hecho de estar transitando el camino, ya no estás en el punto de partida.

Puede que no estés donde tenías pensado estar, pero seguro que donde estás ahora te aportará y permitirá seguir avanzando.

Ten presente que la otra alternativa es seguir haciendo aquello que sabes que no te beneficia.

Recuerda: no importa la velocidad. Lo importante es avanzar. Para continuar avanzando, necesitas responsabilizarte y tener compromiso.

Como ves, el cambio está en ti. Hazlo por ti. Podrás avanzar, construir tu nueva realidad, estar bien contigo mismo y por ende, con tu entorno.

Quién sabe, quizás en un futuro también puedas acompañar a otras personas en su proceso de cambio, como pretendo hacer yo 😉

¡Seguimos!

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