Introducción

Si uno de tus objetivos es cambiar de hábitos de alimentación, comer de manera equilibrada, alcanzar un peso saludable y sanar tu relación con la comida, es posible que te surjan dudas como “¿qué dieta sigo?”

Hoy en día existen distintos tipos de dietas, así como los defensores y detractores de cada una de ellas: dieta keto, dieta baja en grasas, dieta alta en proteínas, dieta vegetariana, vegana, sin gluten, …? ¿Cuál elegir?

¿Existe una dieta perfecta para todos? ¿Qué entendemos aquí por “perfecta”?

¿La dieta perfecta?

¿Existe la dieta ideal? ¿Cuál es esa dieta mágica que todos podemos seguir y que nos prometerá sentirnos y vernos bien, mantener un peso saludable, estar sanos y tener energía?

Ninguna. Lo siento, esa dieta no existe.

Descartamos de entrada las famosas dietas milagro, que en absoluto se recomiendan. Conllevan la recuperación del peso perdido (conocido como el “efecto rebote”) y pueden perjudicar nuestro estado de salud físico, así como el emocional al volver a aumentar de peso.

Recuerda además que este tipo de alimentación contradice el concepto de dieta en el que nos basamos y que contempla la ciencia de la nutrición.

Según vimos en este artículo, la dieta no consiste en comer de manera restrictiva durante un tiempo, sino que constituye el conjunto de hábitos alimenticios que nos aseguran un buen estado de salud físico y mental y un peso saludable. No “hagas dieta”, “lleva una dieta saludable”.

Seguramente ya sabrás que existen distintos tipos de dietas: bajas en grasas, bajas en carbohidratos, entre otras. ¿Cuál es mejor? ¿Cuál es peor? Depende.

Como todo en esta vida, encontrar una única fórmula que funcione perfectamente para todo el mundo y de manera invariable a lo largo del tiempo, no es posible.

Son varios los factores que hay que tener en cuenta para determinar de qué manera comer en cada caso.

Diversidad de personas

Pese a que todos los seres humanos tenemos un cuerpo con un funcionamiento muy parecido, también cada uno de nosotros tiene sus peculiaridades.

Cada persona tiene distinta composición corporal, distintos hábitos de alimentación, de actividad física, culturales, distintos gustos y distintas necesidades (ganar o perder peso, mejorar el estado de salud, mejorar el nivel de energía, el rendimiento físico, …).

Aunque a veces lo pasemos por alto, también hay que tener en cuenta que cada uno de nosotros vivimos situaciones distintas. Hay quien dispone de más tiempo para sí mism@, hay quien cuenta con un mayor presupuesto para invertir en su alimentación.

Por último, no hay que olvidar que, aunque el organismo funcione de manera similar a lo largo de toda la vida, también varía la manera en la que procesa los alimentos y ejecuta las acciones conforme pasa el tiempo. Dicho de otra manera, la edad de la persona también influye.

Adaptabilidad del cuerpo

Aunque pueda no parecerlo, el cuerpo humano es capaz de adaptarse y ajustar su funcionamiento a distintos tipos de comida.

Piensa en las distintas veces a lo largo de tu vida en la que tu cuerpo se ha adaptado a distintas maneras en las que has comido y ha seguido funcionando. Si ahora mismo no estás content@ con los hábitos de alimentación que llevas, observa que a pesar de no recibir los nutrientes que necesita, tu cuerpo sigue funcionando.

Si, al igual que yo en día, has optado por hacer dietas restrictivas durante un tiempo, habrás visto que tu cuerpo ha seguido funcionando. Quizás le ha costado más por lo perjudiciales que resultan este tipo de “dietas”, pero aun así, has podido seguir haciendo tu vida.

Fíjate además en las distintas formas de alimentarse según la parte del mundo en la que te encuentres. En cada una de estas zonas, la dieta tradicional de las personas ha sido tradicionalmente distinta y, aun así, el cuerpo ha seguido funcionando.

Del dicho al hecho …

Este es quizás uno de los factores en los que menos pensamos. No obstante, es uno de lo que más influye a la hora de establecer unas pautas alimentarias saludables.   

Tendemos a pensar que hacemos las cosas (comer entre ellas) de cierta manera y sin embargo, cuando después analizamos nuestra manera de actuar, nos damos cuenta que no lo hacemos exactamente como pensamos que las hacemos.

De ahí la importancia de analizar nuestros hábitos para poder ver qué aspectos queremos mejorar, como vimos en este artículo. Muchas veces, pensamos que algún aspecto de nuestra alimentación no necesita mejorar, pero cuando lo analizamos, vemos que sí que es necesario.

Este es uno de los puntos fuertes que se trabajan en procesos de coaching nutricional. Para saber desde qué punto partimos, qué mejorar y en qué grado, es necesario analizar y observar nuestros hábitos actuales.

A menudo, lo que pensamos y decimos que hacemos varía con respecto a lo que de verdad hacemos. Como se suele decir, “Del dicho al hecho, hay un trecho”.

Observar con lupa

Vistos todos estos factores que influyen a la hora de determinar unos hábitos de alimentación, ¿qué podemos hacer para establecer una dieta saludable? ¿En qué basarnos?

La buena nutrición

Más que buscar una dieta milagrosa que no existe, mi recomendación es que bases tus nuevos hábitos en una buena nutrición.

Como ya hemos comentado, existen unas bases comunes a todos los cuerpos. Se trata de principios básicos de nutrición que nos benefician a todos.

Por ejemplo, por flexible que pueda ser un nutricionista o coach nutricional, será extraño que alguno de ellos te recomiende el consumo continuo y en grandes cantidades de comida ultra procesada y de azúcar o te desaconseje consumir hortalizas y verduras a diario.

La clave está en seguir las bases de una nutrición equilibrada y saludables comunes a todos. Una vez hecho esto, adáptala a ti, a tus necesidades, gustos, a tu situación (edad, tiempo, presupuesto), en definitiva, a aquellos factores que hemos mencionado antes.

¿Y cuáles son esas bases que constituyen una alimentación saludable y equilibrada?

Nutrición: ciencia, no creencia

A menudo, tendemos a alimentarnos basándonos en creencias, presuposiciones adquiridas por distintas vías como verdades absolutas. Puede que la fuente sea la “sabiduría popular”, las últimas modas virales o cualquier otra que se te ocurra.

La buena nutrición es aquellas cuyos principios se basan en estudios nutricionales científicos, estudiados y demostrados.

Si dudas sobre cuáles son estos principios básicos de nutrición que nos benefician a todos, consulta fuentes fiables. Puedes recurrir a manuales, cursos o profesionales de la salud que te asesoren.

Aporte de nutrientes y energía

La alimentación sirve, como su nombre indica, para alimentarnos. El alimentarse consiste no solo en comer, sino en aportar nutrientes que el cuerpo necesita para su correcto funcionamiento al comer.

Los nutrientes aportan la energía necesaria para el buen funcionamiento de las neuronas, ejecutar las actividades de tu día a día (físicas o mentales), y permiten un buen estado de salud física o mental.

Con un buen aporte de nutrientes de calidad, nos aseguramos encontramos mejor y más ágiles.

Como siempre te digo, todo en su justa medida. La energía que consumismos mediante los alimentos son las llamadas calorías. La buena nutrición nos asegura un aporte equilibrado de nutrientes de calidad que se encuentran en mayor cantidad en los alimentos menos procesados y más cercanos a su forma natural.

Verse, sentirse y moverse bien

A raíz de este aporte de nutrientes que nos garantizan un buen estado de salud físico y mental y un peso saludable, te verás mejor, te encontrarás mejor y te moverás mejor.

Al alimentarnos saludablemente, el peso corporal se ajusta. Además de esta consecuencia evidente en la que todos pensamos, también mejora el estado de la piel, del cabello, de las uñas.

El estado de salud físico mejora, ya que ganamos energía y agilidad a la hora de movernos. También mejora nuestra salud hormonal con sus positivos efectos en la vida sexual y los dolores menstruales, por ejemplo.

El estado de tu salud emocional también mejora. Puede ser una consecuencia directa de vernos y movernos mejor, pero también puede serlo del buen funcionamiento de las neuronas derivado de una buena alimentación.

Cuando te ves mejor, te mueves con más agilidad, te sientes y encuentras mejor, con más energía, tu autoestima aumenta. En definitiva, una buena nutrición te aporta bienestar general.

Sostenibilidad en el tiempo

Como hemos visto, “hacer dieta” comiendo de manera restrictiva durante un periodo de tiempo determinado solo nos permite ajustar el peso corporal durante el tiempo que dure la dieta.

Pasado ese tiempo, solemos recuperar el peso perdido, incluso más, sin mencionar los estragos que puede haber causado en nuestra salud física y emocional.

Una buena nutrición es aquella que es sostenible en el tiempo y permite generar hábitos. Beneficia la salud física y emocional y no causa el famoso efecto rebote con las malas consecuencias físicas y emocionales que ello conlleva.

Se compone de aquellos hábitos saludables (no por ello insípidos o tristes, sin sabor) que se mantienen de manera sostenible, que se adaptan a nosotros y que se pueden seguir con facilidad, una vez integrados en nuestra vida.

Aumento de la conciencia

Una nutrición equilibrada es aquella que nos permite alimentarnos de manera consciente. ¿Qué es alimentarse conscientemente?

Ya vimos en qué consiste la alimentación consciente, también conocida como “Mindful Eating”: comer poniendo plena atención al acto de comer, saboreando, disfrutando de cada bocado.

Happy woman in the lotus position with fruits and vegetables

La buena nutrición no solo fomenta la conciencia en el acto de comer, sino también en todo lo que constituye unos hábitos de alimentación saludables.

Al hacer la compra, puedes hacerlo con conciencia, anticipándote a qué alimentos vas a comprar para el menú de la semana que viene.

A la hora de cocinar, también puedes hacerlo de manera consciente, eligiendo los métodos de preparación saludables que más te gusten y se adapten a ti.

Del mismo modo, al alimentarte de manera consciente, también sabrás ver en qué momentos tiendes a descuidar esos hábitos.

Te darás permiso a ti mism@ para recurrir a opciones menos saludables cuando lo consideres oportuno. Puede que tengas un compromiso social o puede simplemente que te apetezca. Si identificas esos momentos con conciencia, podrás retomar tus hábitos saludables con más facilidad, sin sentimiento de culpa.

De manera general, la buena nutrición es aquella que te permite ganar conciencia en todos los aspectos que componen tus hábitos de alimentación. Nada de prohibiciones ni culpabilidad. Nada de contar calorías. Comes con equilibrio y conciencia, aprendiendo y mejorando cada día.

Actividad

¿Conoces a gente que ya lleva una alimentación rica, equilibrada y saludable y que goza de una buena relación con la comida? Quizás hayas notado que todas son personas activas y que practican deporte con regularidad.

Deporte y buena alimentación van de la mano. Y es que son dos factores que se complementan entre sí, además de otros, como vimos en este artículo

A veces, nos cuesta mantenernos activos, pero existen maneras de ir fomentando la actividad física en tu vida diaria, de lo que te hablaré en próximos artículos. Por actividad física me refiero tanto a practicar ejercicio como a simplemente mantenerse activo, subir y bajar escaleras, caminar un poco cada día, etc.

Con el movimiento, los nutrientes cumplen mejor su función en el cuerpo y viceversa. Cuánto mejores son tus hábitos alimenticios, mejor será tu rendimiento deportivo.

Resultados reales

¿A qué me refiero con que en una buena nutrición se observan resultados reales?

Aunque parezca obvio, me refiero a que cuando nos alimentamos correctamente, tanto el cuerpo como la calidad de vida en general experimentan una clara mejoría.

Las formas clásicas de medir los resultados son las que seguramente ya conoces: peso corporal, porcentaje de grasa, analíticas, … Acostumbran a ser mediciones que nos toma un profesional.

Sin embargo, no te olvides de otras varas de medir “caseras” que tú mism@ puedes usar en tu día a día. La ropa y el rendimiento físico son quizás los más obvios.

Hay otros en los que quizás no tendemos a fijarnos tanto, pero que también son indicativos importantes de que tus hábitos de alimentación han mejorado. La mejoría de la calidad del sueño, el tener un mejor humor general, el gestionar mejor el estrés o el comer con calma y conciencia son algunos de ellos.

Conclusión

No busques una dieta perfecta y milagrosa que te acompañe el resto de tu vida porque simplemente, no existe.

Aprende a aplicar las bases de una alimentación saludable y equilibrada que nos con comunes a todos y adáptalas después a ti mism@ para obtener tus nuevos hábitos de alimentación saludables.

Recuerda: no “hagas dieta”, “sigue una dieta” saludable de manera habitual, aquella que se componga de esos nuevos hábitos de alimentación basados en principios de nutrición comunes y adaptados a ti, a tus gustos, tu situación personal y tus objetivos.

Con el paso del tiempo, esos hábitos ya estarán totalmente incorporados a tu vida. Si en un futuro necesitas adaptarlos a tu nueva situación (edad, cambio de objetivo, cambio drástico del cuerpo por lesión, embarazo, …), ya tendrás una buena base desde la que partir.

Todos nos parecemos, compartimos unas bases comunes. No por ello somos todos idénticos. Cada uno de nosotros somos únicos y por ello, tenemos necesidades y gustos únicos. Todos son válidos, siempre que funcionen y nos den resultado.

Por poner otro ejemplo, todos somos seres sociales. No por ello nos relacionamos todos de la misma forma. Hay quien sale a menudo y cultiva distintos tipos de relaciones. Por el contrario, hay quien sale con menos frecuencia y prefiere moverse en círculos sociales más estrechos.

Todos necesitamos dormir y descansar. Hay quien duerme, si los horarios lo permiten, muchas horas seguidas. Hay quien, como yo, tiene un despertador natural incorporado que se activa pasadas las 7 horas de sueño. Hay quien duerme la siesta y hay quien no.

Del mismo modo, el comer 5 veces al día puede funcionarle muy bien a tu mejor amigo o amiga, pero quizás tus horarios no te permiten tomarte tantas pausas para comer. Si te empeñas en forzar algo que no le va bien a tu situación, terminarás generándote más estrés. Cambia esa dieta (o cambia tu situación).

Quizás has visto como el nuevo superalimento del año le está funcionando muy bien a un conocido. Sin embargo, tú notas que las digestiones se vuelven pesadas cada vez que lo consumes. ¿Vas a empeñarte en seguir consumiéndolo si ves que no te va bien? Busca los beneficios que aporta en alimentos que digieras bien y te gusten.

¿Cuál es entonces la mejor dieta? Aquella que te funciona a ti. Solo así podrás notar los beneficios de una alimentación saludable y solo así la podrás seguir sin problemas de manera sostenida en el tiempo.

 

Esto es todo por hoy. Espero que te sea de ayuda.

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