Introducción

Has comenzado un proceso de cambio de hábitos. Quizás ya hace tiempo que avanzas en este camino y notas que experimentas una cierta resistencia a continuar con tu cambio. ¿Es normal la resistencia al cambio? ¿Estoy preparad@ para seguir avanzando?

Hoy vamos a hablar de ese freno que nos ponemos nosotr@s mism@s cuando nos enfrentamos a un cambio. ¿Es normal? ¿Por qué aparece?

Este artículo te ayudará a entender esta resistencia al cambio y a gestionarla mejor en este y cualquier otro proceso de cambio que te propongas llevas a cabo. También te permitirá analizar si estás preparad@ o no para el siguiente paso de tu proceso de cambio.

Cambiar cuesta: es habitual

La resistencia al cambio puede aparecer en cualquier momento del proceso de cambio.

Cuando aparece al principio, la motivación propia del inicio puede ser el motor que nos ayude a sobreponernos a esa resistencia. ¿Qué pasa si aparece a mitad de camino, cuando menos nos la esperamos?

Ten presente esto: cuesta cambiar. Es lo habitual. Por lo tanto, la resistencia al cambio es normal y no tiene nada de malo. Forma parte de nosotros. Todos los cambios siempre suponen algún reto, y así está bien. No luches por cambiarlo. Aprende a gestionarlo.

Motivos de la resistencia al cambio

¿De dónde viene esa resistencia al cambio que la hace tan habitual? Aquí, depende de cada caso y persona. De manera general, puede darse por los siguientes factores.

Puede simplemente que la resistencia al cambio aparezca por no estar acostumbrado al nuevo hábito que intentas implementar. Aunque a veces nos pese, vivimos con el piloto automático en marcha.

Por lo tanto, puede que simplemente te resulte difícil cambiar de hábitos por no estar acostumbrado, ni más ni menos.

Al fin y al cabo, somos animales de costumbres. Del mismo modo que te acostumbraste a los hábitos que llevas ahora, te podrás acostumbrar a los nuevos hábitos, con constancia.

Además de este motivo más “evidente”, existen otros factores más “profundos” que nos llevan a ofrecer resistencia al cambio.

El cambio puede amenazar nuestra supervivencia. Dicho así puede sonar exagerado, sobre todo si lo aplicamos a un cambio de alimentación, como sería nuestro caso. Aun así, si lo analizas, verás que es así.

Nuestro cerebro está programado para pensar de una manera que asegure nuestra supervivencia. Al cerebro no le gusta lo desconocido porque no sabe qué es, cómo nos afectará ni, sobre todo, qué consecuencias acarreará. ¿Y si nos lleva a un estado que nos pone en peligro?

Aquello que conocemos, aunque no nos guste, ya sabemos qué es, cómo nos afecta, qué consecuencias acarrea. Quizás sepamos incluso gestionarlo. Quizás no sepamos, pero ya estamos acostumbrados con cómo es y podemos adelantarnos, mitigar los efectos.

¿Recuerdas el famoso dicho “Más vale malo conocido que bueno por conocer”? De ahí nace la resistencia al cambio en muchos casos. Por experiencia te digo que no es así. Lo desconocido no tiene por qué ser malo. Solo es desconocido. El calificativo “bueno” o “malo” siempre se lo ponemos nosotros.

El cambio puede amenazar nuestra independencia. A menudo, cuando emprendemos un cambio, contamos con asesoramiento. En el caso de cambio de peso corporal, cambio de hábitos de alimentación y mejora de la relación con la comida, podemos contar con la ayuda de un coach nutricional.

También podemos buscar apoyo en grupos de personas con un objetivo similar o en alguien de nuestro círculo cercano.

Como ya comentamos en este artículo sobre el coaching nutricional, el coach no dicta qué hay que hacer, sino que acompaña a la persona. En el caso de nuestro entorno, quizás la persona sí nos dicte qué acciones tomar, dependiendo de cómo sea su carácter.

Sea como sea, si queremos cambiar, tenemos que tomar acción, aunque sea una acción de duración corta. Sin acción no hay cambio. De una forma u otra, cuando no actuamos, nos están diciendo que tenemos que tomar acción para generar cambio y alcanzar nuestro objetivo.

De alguna manera, ya sea directa o indirectamente, ya sea el coach, nuestro amigo o nuestra propia conciencia, notamos que nos están diciendo qué es lo que tenemos que hacer. Y no es ningún secreto que no nos gusta que nos digan qué es lo que tenemos que hacer.

Como siempre te digo, el cambio y la motivación para llevarlo a cabo tienen que salir de ti. Si experimentas esa sensación de que te dirijan, puedes terminar mostrándote reticente al cambio.

El cambio puede darse por incertidumbre y miedo. Como comentábamos antes, el cerebro no está programado para probar cosas nuevas, sino para asegurar nuestra supervivencia. Todo aquello que pueda suponer una amenaza nos puede generar miedo.

El miedo puede paralizarnos y ello, a su vez, puede llevarnos a resistirnos al cambio y quedarnos en el punto en el que estamos.

El cambio puede enfrentarnos a situaciones con las que no queremos lidiar. A menudo, cuando avanzamos en un camino de cambio, ese cambio se tiene que hacer a un nivel más profundo.

Por ejemplo, puede que para llevar unos nuevos hábitos de alimentación, decidas comer con menos frecuencia esos dulces que prepara tu madre y que comes cada semana. No quiere decir que no los vayas a volver a comer nunca. Simplemente los consumirás menos, según tú consideres.

¿Cómo le vas a decir a tu madre que esta vez no comes sus dulces o solo te vas a comer uno? Ya sabes que tiene un carácter sensible, que tiende a tomarse las cosas como algo personal, que terminarás haciéndole daño.

O quizás pase lo contrario. Quizás se enfade contigo porque lo interpreta como un desprecio. Puede incluso que te cuestione por no entender que te propongas cambiar de hábitos a estas alturas de la vida.

Por poner otro ejemplo, estás en tu proceso de cambio de hábitos y ves que el siguiente paso es aprender a gestionar el hambre emocional. Puede que simplemente tengas antojos fuertes por una situación concreta que es fácil de gestionar.

Pero, ¿y si hay que indagar más en tu vida para hallar la razón por la que sufres de hambre emocional? ¿Y si resulta que para gestionar esos episodios de atraco a la nevera y despensa tienes que trabajar en algún episodio de tu vida no resuelto?

Este es exactamente mi caso. Tuve que aceptar que la relación con mi madre no era posible, al menos de momento. Tuve que perdonarla a ella, perdonarme a mí y aprender a valorarme, a quererme por lo que era y dejar de menospreciarme porque no había logrado ganarme el cariño de mi madre.

Como ves, el cambio puede escocer y ahí se puede generar la resistencia al cambio.

Por último, el auto cuestionamiento y el dudar de uno mismo también pueden llevarnos a resistirnos al cambio.

Como ya sabemos, el cambio supone tomar acción. ¿Y si dudamos de nosotr@s mismos? ¿Y si no somos capaces de llevar a cabo esa acción? Cuando ocurre esto, nos resistimos a cambiar, ya que no nos vemos capaces.

Aquí, es importante hacer el trabajo de análisis del que ya hemos hablado en este artículo. Con él podrás establecer acciones que, aunque te supongas un reto y un aprendizaje (ahí está la gracia), puedas realizar.

Bien, una vez vistas las posibles causas que generar esa resistencia al cambio, ¿qué hacer con ella cuando aparece?

Gestionar la resistencia al cambio

En primer lugar, y como ya hemos visto, la resistencia forma parte de cualquier proceso de cambio.

Hemos visto distintos factores que nos pueden llevar a desarrollar esa resistencia. El más básico es que somos animales de costumbres y nos puede costar hacer aquello a lo que nos estamos acostumbrados.

Por lo tanto, no te sorprendas cuando notes que te cuesta dar el paso y cambiar. Es totalmente normal. En vez de enfrentarte a esa resistencia o hacerte pequeñ@ ante ella, úsala a tu favor.

Ya que está ahí, abrázala. Está ahí por algún motivo, para enseñarte dónde tienes que poner el foco, qué aspectos vale la pena que trabajes más, cuáles menos, …

En segundo lugar, retomando este enfoque, gira la tortilla. Usa esa resistencia al cambio a tu favor. ¿Qué es lo que te enseña?

Puede servirte no solo para ver qué puedes mejorar y en qué trabajar, sino también ver qué habilidades tienes ya adquiridas y que quizás estás pasando por alto.

En vez de enfocarte en lo que no puedes hacer o te resulta difícil llevar a cabo, ¿qué tal si intentas ver qué es lo que ya sabes hacer y te puede ayudar en tu cambio?

Verás que ya tienes ganado más de lo que pensabas. Puede que no todo lo que sabes hacer esté directamente relacionado con tu proceso de cambio, pero te podrá ayudar de alguna manera u otra.

Puede que incluso recuerdes cómo lograste adquirir esa otra habilidad que tan bien se te da ahora y te motive a continuar caminando hacia el cambio como ya lo hiciste en su momento.

Por último, intenta aplicar el coaching a esa resistencia que estás experimentando. Te propongo un ejercicio de coaching basado en preguntas poderosas. Se trata de ser totalmente sincer@ contigo mism@.

Cuando te sientes bloquead@ frente al cambio, formúlate las siguientes dos preguntas:

 

  • ¿Qué gano si no cambio?

 

  • ¿Qué pierdo si cambio?

Se trata de analizar con objetividad los pros y contras del cambio al que te estás resistiendo.

Quizás te sorprenda la primera pregunta “¿Qué gano si no cambio?”. ¿Cómo voy a salir ganando al no cambiar si precisamente lo que quiero es cambiar? A mí también me sorprendió la primera vez que me hicieron esa pregunta en una sesión de coaching 🤨

Aunque sea de manera inconsciente, cuando te resistes a cambiar es porque en el fondo, esa decisión te está beneficiando. Piénsalo, retomando por ejemplo los casos que comentábamos antes.

El no cambiar puede evitar que te sientas mal por “herir” los sentimientos de tu madre al decirle que no vas a comer tantos dulces como antes. Quizás te ahorres varias broncas con ella y que te esté continuamente criticando por tu decisión, si sabes que no lo va a entender.

El no cambiar puede ayudarte a no indagar en esas heridas no curadas en tu vida que te llevan a comer de manera compulsiva y sufrir de hambre emocional. El quedarte donde estás, de alguna manera, te está protegiendo.

Sabes que no es la solución a tu situación y que no te llevará al cambio que buscas, pero de momento, te sirve para estar bien. No hay nada de malo en eso. Es muy lícito querer estar bien. Quizás no es el momento de dar ese paso y por eso prefieres protegerte ante el cambio.

Del mismo modo, en cuanto a la segunda pregunta “¿qué pierdo si cambio?”, tiene su lógica, si la analizas. ¿Cómo voy a salir perdiendo si logro el cambio que estoy buscando?” Es lo que quiero, ¿cómo me va a suponer eso una pérdida?

Para cambiar, quizás tengas que dejar atrás ciertas cosas que te gustan ahora. Puede ser esos dulces de tu madre o esa tranquilidad o comodidad que te aporta el no trabajar en aquello que te duele y te genera hambre emocional.

¿Puedes realmente “sacrificar” eso? Si es así, ¿en qué grado?

Por experiencia te digo que, tras hacer el cambio, te das cuenta que no necesitas muchas de esas cosas sin las que ahora no ves posible vivir.

Por ejemplo, yo era una adicta al chocolate y al queso. No podía visualizar mi día a día sin estas dos cosas.

A día de hoy como de manera equilibrada, saludable y con conciencia y estoy en un peso saludable y con un estado de salud físico y mental que nunca antes había tenido.

Happy woman in the lotus position with fruits and vegetables

Sigo comiendo chocolate y queso, pero con conciencia. Lo como cuando considero y en cantidades controladas, sin por ello dejar de disfrutar. Ahora bien, he tenido que renunciar a comerlos de manera compulsiva y en grandes cantidades cada día.

Antes, me parecía un gran sacrificio, pero fui progresando poco a poco y dejó de serlo. Ahora, estoy contenta de haberlo hecho porque ya no soy dependiente. Ya no es la comida la que me controla a mí. Soy yo quien la controla a ella.

Te animo por lo tanto a que hagas este ejercicio y sopeses los pros y contras de cambiar y de no cambiar. ¿Te va a compensar cambiar? ¿Vale la pena que ajustes el grado en el que quieres cambiar para no dejar atrás ciertas cosas que hoy son importantes para ti?

No hay una única manera de hacer esto. Todo depende de cada persona y de cada momento. Quizás ahora no estás dispuest@ a renunciar a una cosa determinada, pero quizás en un tiempo sí.

Recuerda: tú tomas las riendas de tu proceso de cambio. Tú decides qué haces y si estás más o menos preparad@ para hacerlo.

Hablando de eso, ¿qué es realmente estar preparad@?

¿Estoy preparad@ para el cambio?

Somos expertos en decir si estamos o no preparados para hacer algo nuevo, algo distinto, pero ¿cómo lo sabemos realmente? ¿Qué es realmente estar preparad@?

Aquí te dejo una manera rápida de evaluar tu nivel de preparación para llevar a cabo el cambio que estás buscando. Analiza los siguientes aspectos:

Condiciones: observa si las condiciones intrínsecas y extrínsecas te permiten ejecutar las acciones para el cambio. ¿Estoy motivad@? ¿Dispongo de recursos y circunstancias (tiempo, dinero) que me permitan ir hacia el cambio?

Compromiso: en una escala del 1 al 10, ¿cómo de comprometid@ estoy con ese cambio que busco? Si la respuesta no está entre un 8 y un 10, ¿por qué no lo está? ¿qué me falta para estar más comprometid@? ¿Estoy tan comprometid@ que acepto ayuda o acompañamiento de otros?

Capacidad: ¿dispongo de capacidades para llevar a cabo este cambio? ¿Tengo la habilidad que se necesita o alguna otra que me pueda ayudar?
Este ejercicio puede ayudarte a determinar si estás preparad@ para dar un paso más hacia el cambio que buscas.

Cuidado, como siempre te digo, no todo tiene que ser blanco o negro. Quizás ves que no estás preparad@ como te gustaría estarlo. Eso no significa que no estés preparado a ningún nivel ni que no puedas alcanzar tu objetivo de cambio.

No tiene por qué significar abandono. Puede significar reajuste de plan de acción para establecer acciones para las que sí te sientas preparad@.

Además, recuerda que no siempre estamos preparad@s al 100%. De hecho, rara vez lo estamos. Nunca nada será perfecto, ni tiene que serlo. Recuerda: busca el progreso, no la perfección.

Si no te sientes del todo preparad@ para un tipo de acción, reajusta. Busca acciones para las que estés más preparad@. Una vez hechas, avanza al siguiente nivel hasta verte capaz de llevar a cabo ese cambio para el que ahora no te sientes preparad@.

Conclusión

La resistencia al cambio es normal. Forma parte del proceso de cambio, sea cual sea, un cambio de hábitos de alimentación o no.

Mentalízate que aparecerá en más de una ocasión. En vez de luchar contra ella o dejar que te empequeñezca, aprende a gestionarla y convivir con ella.

Como hemos visto, esa resistencia puede darse por distintos motivos. Uno de los más comunes es la falta de costumbre. Existen otros motivos más “profundos” y arraigados en nosotr@s que vale la pena explorar para vencer esa resistencia.

Todas las emociones y sensaciones, incluida la resistencia al cambio, están en nuestra vida por algún motivo. Siempre nos enseñan algo.

En Programación Neurolingüística se dice que las emociones no son ni buenas ni malas. Simplemente son y tienen su función. Somos nosotros quienes les ponemos el calificativo.

Aunque una emoción nos pueda parecer negativa porque nos hace daño, por ejemplo, la tristeza, nos está indicando algo. Las emociones nos enseñan qué hay que cambiar en nuestra vida, qué es lo que puede seguir como hasta ahora, entre otras interpretaciones.

Por lo tanto, si experimentas resistencia al cambio, abrázala y úsala a tu favor. No te estoy diciendo que te guste sentirte incómodo ante un cambio o triste por alguna situación.

Tampoco se trata de experimentar este tipo de sensaciones que pueden angustiarnos y que calificamos de negativas continuamente. Puede desencadenar en depresión. Del mismo modo, tampoco hemos conocido a nadie que esté siempre riéndose y viviendo en una nube.

Vive las emociones que te llegan y cuando hayas trabajado para sacarles provecho y ellas hayan terminado su función, se marcharán.

Por último, recuerda que puedes comprobar si estás más o menos preparad@ para el cambio que te propones con el ejercicio de dos preguntas que te he explicado.

Si crees que no estás tan preparad@ como te gustaría, no pasa nada. Reajusta tu plan de acción para tu cambio y ve progresando poco a poco hasta estar más preparad@.

El cambio no es malo, solo es desconocido. La resistencia a él te puede estar avisando de algo en lo que tienes que trabajar para afrontar ese cambio.

No temas al cambio porque siempre está presente en nuestras vidas. Te da una oportunidad de aprender.

Recuerda que lo único constante en la vida es el cambio.

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